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‘La primera mujer’: una persona normal, como tú

El documental de Miguel Eek sigue el día a día de Eva, antigua paciente de salud mental, en su proceso de emancipación

La primera mujer

El documentalista Miguel Eek empezó a trabajar en una clínica de Salud Mental impartiendo un taller sobre creación cinematográfica entre los usuarios. Su propósito era rodar un documental al estilo de su anterior largometraje, Ciudad de los Muertos, en el que reflejaba el día a día en un cementerio a partir de la vida de sus trabajadores, de manera coral. Quería explorar los tabúes, antes sobre la muerte, ahora sobre la enfermedad mental.

Pero hubo una alumna que fue la única que no faltó a una sola clase del taller y que «brillaba con luz propia». Se llamaba Eva, como la primera mujer según la Biblia, y acabó protagonizando al que dio nombre así. Iba a recibir el alta y estaba «lista para abandonar un lugar que ya no era el suyo», explica Eek a Cine con Ñ. El documental acabó convirtiéndose una crónica de la emancipación de Eva, desde que sale del hospital hasta que empieza a tener lo que ella llama «una vida normal» como se la explica a una de sus psicólogas: «ser una persona con pareja, con amigos, con trabajo, así como tú».

La primera mujer se exhibe este jueves en la Sección Oficial Largometrajes Documentales del Festival de Málaga, en un único pase con coloquio que será el primero en el que el equipo vea el filme en la sala y con público a pesar de llevar ya ocho festivales internacionales a sus espaldas. «Ya era hora», explica Eek, que se confiesa «cansado de coloquios o charlas por videoconferencia, sin ver la reacción del público de primera mano». La protagonista, Eva, espera a verlo cuando se estrene en Baleares, donde reside y ocurre toda la acción de la película.

El documental gira alrededor del deseo de ella por tener una vida normalizada y también por recuperar el contacto con su hijo, objetivos «que hacían que destilase la luz que tiene. Eva tenía un sueño, cuando a mucha gente la enfermedad mental y la medicación la dejan apática y sin impulso vital. Eso es lo que llena la película».

La primera mujer y la mirada naïf

La primera mujer

A Eek le han dicho que La primera mujer tiene «algo de almodovariana, porque Eva es un personaje en el que puedes adivinar que tiene una tragedia detrás pero al mismo tiempo que afrontar la vida con una gran vitalidad». La película nos cuenta los momentos más importantes de su proceso de empoderamiento en elipsis: no la vemos conocer a su actual pareja ni encontrar su nuevo trabajo, aparece con ellos. «Los momento de verdadera emoción, con la cámara delante, perdían fuerza», explica el director, «y no queríamos rozar el morbo».

Eva se pone nerviosa como una adolescente para hablar de su novio con el que lleva ya cuatro días saliendo para presentárselo a su madre y le explica que la anciana está un poquito cortada por conocerlo. También se prepara durante semanas el alegato en el proceso judicial de adopción de su hijo por la familia de acogida que se hizo cargo de él hace ya más de 15 años. Es, opina el director, tal cual la vemos, y «esa transparencia es la que creo que puede hacer que al público le interese el documental».

La cinta es tan tierna como dura cuando Eva admite que está preparada para que su hijo, ya un adulto al que no ve desde que era pequeño, le diga que no la quiere ver más. «Tanto ella como yo hablamos de la posibilidad de que el reencuentro se produjese mientras grabábamos y estuviese en la película, pero Eva tenía claro que si ocurría, no quería cámaras», explica Miguel. Para ella «ya poder explicarse ante el abogado el juez, hacer ejercicio de sanación y que su hijo pudiese saberlo, era un gran paso».

En cuanto a la gran pregunta que plantea La primera mujer, qué significa exactamente ser normal, el director no tiene una respuesta. «Me interesaba el límite entre lo normal y lo no normal, en parte porque entiendo la normalidad como contraria al acto creativo y yo mismo tengo un deseo de encajar en el que utilizo el cine para vincularme con las personas… por eso entiendo el mismo deseo de Eva por forma parte de esa normalidad». En la mirada a la vez naïf y lúcida de su protagonista «esta la capacidad de disfrutar la vida desde la emoción que quizás otros han perdido».

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