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‘Las huellas de elBulli’, más que un documental, una burbuja

Supuesta divulgación sobre la figura de Ferran Adrià que no explica nada y cae en la retórica de la autoayuda y la charla TED

Ferran Adrià Las huellas de elBulli

La noche de ayer martes 20 de septiembre Ferran Adrià acudió al Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián a presentar Las huellas de elBulli, documental sobre su figura y su legado como mejor cocinero del mundo y revolucionario de la alta cocina. La proyección del filme, de apenas 50 minutos y producido por Movistar+, terminó con el público aplaudiendo y ovacionando al ilustre invitado, girándose hacia el palco desde el que asintió al evento como si fuese un divo de la ópera o el emperador de Austria-Hungría. Aquello, en fin, era una burbuja deconstruida.

Tengan en cuenta que la película tiene su momento cumbre cuando la esposa del genio da su testimonio, ya en el último tercio, el que propone una visión presuntamente más íntima de Adrià y este incluso habla a cámara. Ahí la mujer afirma sentirse pasmada ante las salidas geniales, que demuestran el creativo funcionamiento de la mente del cocinero, cuando en mitad de conversaciones banales le pregunta «¿tú sabes por qué unas olivas son ovaladas y otras redondas?» o «¿por qué merluza, y no merluzo?«.

Obviamente este humilde juntaletras no sabe demasiado sobre alta cocina, aunque sí que pensaba que a un genio de la misma como Adrià le parecería banal saber la procedencia de los alimentos. Eso sí, servidor recuerda que «merluzo» era un insulto habitual en los tebeos de la vieja Bruguera, que se usaba para sortear la censura -en El Gran Vázquez, de Óscar Aibar, hay un chiste sobre eso- y venía a designar a alguien que no solo un poco tonto, es que encima no era consciente de serlo.

Las huellas de elBulli para dentro de 50 años

las huellas de elbulli
Ferran Adrià posa antes de la proyección rodeado por los responsables del documental.

Las huellas de elBulli, por cierto, forma parte de la Sección Culinary Cinema de este 69 Festival de San Sebastián, en el que cine y gastronomía se dan la mano. Su estreno mundial para abrir dicha sección precede al que tendrá lugar en la plataforma de Movistar+ el próximo 7 de octubre, y ha sido creado por José Larraza (director de contenidos de TBS además de los documentales El día menos pensado y 10 años de una Estrella)– y dirigido por Iñigo Ruiz (Deconstruyendo a Dani García)

Y la cuestión no es que no se pueda hacer un documental poniendo por las nubes a una figura excelente en su campo, que se puede. Ni que esta película en concreto está «mal hecha», al contrario, a nivel técnico no se le puede poner un pero. La cuestión es que Adrià, en la pequeña presentación previa a la proyección, valoró la «pasión» puesta en el filme y también que este servirá de documento dentro de 50 años sobre lo que estaba pasando en la gastronomía durante la última década y hasta nuestros días. Y eso, miren ustedes, es mentira.

Porque más allá de que las intervenciones de don Juan Mari Arzak, que frente a la rimbombancia de otros testimonios alaba a Adrià en román paladino -«el tío hacía lo que quería, era imposible imitarle»- o de Andreu Buenafuente -«solo Ferran podía cerrar el mejor restaurante del mundo, ponerse luego a hacer algo que nadie sabe lo que es y encima vendérnoslo»-, Las huellas de elBulli no explica nada. Solo que el protagonista es un genio que revolucionó la alta cocina, no se sabe cómo -comiéndose la espumita de los zumos de naranja, ya-, y que es muy humilde y hecho a sí mismo.

Aquí cabe preguntarse a quién se dirige este documental en particular y muchos de los que estrena Movistar+ en general, paquete en el que cabrían también algunas de sus series. ¿A expertos en alta cocina a los que no hace falta explicarles nada porque ya comprenden la grandeza de Adrià? ¿Y que además son tan fans del mismo que les apetece ver 50 minutos de alabanzas, en los que se sostiene la genialidad de su nuevo proyecto –elBulli 1846– sin explicarlo tampoco? Por momentos parece que el documental sea irónico y el que lo haya definido sea el propio Buenafuente.

Buscarse a uno mismo en internet y no encontrar nada

'Las huellas de elBulli', más que un documental, una burbuja 1

Pero es que además tiene momentos, la verdad, ridículos. Como los becarios de la Fundación elBulli explicando el sistema de creación de conocimiento consistente en preguntarse qué es algo -un tomate- y ponerlo en relación con otras cosas parecidas -zanahorias- sin ser conscientes de que están remedando una clase de Conocimiento del Medio de Primaria y no un LAB o un HUB de alto rendimiento e innovación. Sin olvidar el momento «merluzo», por supuesto.

Al menos el protagonista queda bien cuando lo hacen googlearse a sí mismo para demostrar que es una figura POP y al escribir su nombre el buscador le sugiere a Ferran Torres, el futbolista de la Selección Española, demostrando así que no se dedica a buscarse. También en una escena, muy breve, en la que lo vemos ejercer de profesor en su nueva Fundación. Pero ya está. Normalmente, si se nos cuenta que recibió un reconocimiento por parte del mismo Emperador de Japón que ni siquiera los propios japoneses suelen recibir, no se nos explica por qué.

Las huellas de elBulli, en fin, pretende ser un homenaje a una persona clave en el terreno de alta cocina, alguien que se ha convertido en un icono cultural y a quien cualquiera puede reconocer por la calle. Pero en lugar de hacer divulgación sobre por qué tiene tanta importancia, se pierde en alabanzas vacías, fotos de premios y discursos que parecen más propios de un gurú de la autoayuda o un coach de la innovación en una charla TED que de alguien a quien el resto de profesionales de su entorno rinden la admiración que se recoge en sus testimonios.

Imágenes: Manu Bermúdez/Festival de San Sebastián – Fotogramas de Las huellas de elBulli – Movistar+.

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