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Martín Cuenca no encandila en San Sebastián con ‘La hija’, una película sobre maternidades negadas

El director de ‘Caníbal’ o ‘El autor’ presenta su nueva película, protagonizada por Javier Gutiérrez, Patricia López Arnáiz e Irene Virgüez

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No concursa en la Sección Oficial, pero La hija era igualmente una de las películas españolas más esperadas del Festival de San Sebastián. Es la vuelta al cine de Manuel Martín Cuenca (La flaqueza del blochevique, Caníbal) tras los buenos resultados con El autor (2017) y, además, con dos ganadores del Goya de protagonistas como Javier Gutiérrez y Patricia López Arnaiz. Los dos interpretan a una pareja que ansía tener un hijo y convence en secreto a una adolescente embarazada de un centro de menores para que les de el suyo. Un thriller correcto y atmosférico, pero sin el empuje creativo de su película anterior.

La «amigüedad moral» y lo esencial en La hija

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El equipo de ‘La hija’ en San Sebastián. Foto: Gari Garaialde (Festival de San Sebastián)

La hija se presenta en un nuevo entramado psicológico en el que Martín Cuenca regresa, junto a Alejandro Hernández (coguionista de El autor y Caníbal), al trasfondo más oscuro de sus personajes principales. Aquí el centro es «la ambigüedad moral», según su director, de esta pareja que quiere tener hijos y, al no poder, recurre a una menor en situación vulnerable.

«Queríamos contar algo en la película que fuera muy primordial, muy primitivo. Algo que podría haber ocurrido hace 15.000 años en una cueva: dos mujeres, una que no puede ser madre y otra que sí es madre«, ha comentado el director en la rueda de prensa de presentación de la película en el Zinemaldia, que ha definido este duelo y compart de maternidades como «una lucha entre dos animales».

Martín Cuenca ha explicado que los personajes de Gutiérrez y Pérez Arnáiz en La hija perciben que, al no poder ser padres, «han sufrido una injustica, y por eso se sienten legitimados para ir más allá. Tu dolor y tu legitimidad aplasta la del otro«. Por eso, ha asegurado el cineasta almeriense, ha decidido hacer una película «lo más primordial y lo más esencial posible. De hecho, es una película con muy pocos personajes. De ahí surge el drama o el thriller, pero eso es algo que no me planteo».

El gérmen original de la película es de Alejandro Hernández, pero una vez entró Martín Cuenca en el proyecto, se la llevaron «a su terreno». «Era una historia mucho más de género antes de que yo entrara», ha comentado el director almeriense, que finalmente cogió a los personajes y se los llevó a los paisajes montañosos de la provincia de Jaén, donde viven semiaislados los dos protagonistas.


Una película demasiado conservadora

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Esta voluntad de ir a lo esencial conduce a una situación muy cerrada en La hija, que se convierte en un tour de force a tres al que se le van sumando muy pocos elementos más. El ambiente opresivo que busca Martín Cuenca encierra a los personajes, que se ven obligados a encontrar una salida. Ahí está la tensión moral y la violencia latente, que es coherente con lo que llevan dentro los personajes. Pero, a fuerza de hacer el camino desasosegante, La hija se va quedando sin ideas o matices, andando previsiblemente por el carril único e inevitable al que lleva el desarrollo de su argumento.

Este excesivo autocontrol se nota sobre todo en el personaje de Patricia López Arnaiz, que es absolutamente clave, y al que se le intuye más bagaje e historia del que luego acaba mostrándose en la producción final. Está muy -pero que muy- bien que muchas de las motivaciones y frustraciones de sus personajes no se expresen en plano, pero algunas se notan demasiado distantes para lo importantes que son para la dirección de la historia (que también acaba exigiendo mucho en cierta suspensión de la verosimilitud) .

La hija es una película que condensa con habilidad su ambientación y la lucha psicológica entre sus personajes, pero que resulta demasiado conservadora. Incluso para la austeridad formal tan coherente y habitual de su director, la falta de riesgo acaba resultando demasiado estéril para un punto de partida con tantos alicientes. Martín Cuenca no desafina en este acercamiento a las maternidades negadas, pero se le agota un poco el modelo para sus estudios humanos.

Imagen de portada: Patricia López Arnaiz en la presentación de La hija (Gari Garaialde-Festival de San Sebastián)
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