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Ignacio Nacho se divierte con comedia, tragedia, cuernos e ironía en ‘Isósceles’

El cineasta malagueño presenta en casa un drama con estructura teatral en la que se enfrenta en un trío imposible a Salva Reina y Mara Guil

Ignacio Nacho se divierte con comedia, tragedia, cuernos e ironía en 'Isósceles' 1

El origen de Isósceles es una idea que el director, guionista y actor Ignacio Nacho (El intercambio, Mocito Feliz, el famoso desconocido) apuntó un día en un papel y guardó para mejor ocasión: una historia que empezaba con alguien que tenía una relación furtiva con una mujer y descubriese una foto en su casa en la que identifica a un viejo amigo. Durante el confinamiento de 2020, hace ya dos años, empezó a desarrollarla para convertirla en un guión. El resultado, un drama cómico de casi dos horas junto a Mara Guil y Salva Reina, que debuta como productor, donde la ironía y los giros argumentales se mezclan en los diálogos de tres personajes llenos de secretos y faltos de amor.

Nacho, reciente ganador del primer Premio Carmen a Mejor Interpretación Masculina Revelación, se coloca como el personaje bisagra del particular triángulo oculto bajo una barba que lo vuelve casi irreconocible, payaso serio de una historia en el fondo trágica donde Reina hace de pobre tipo al que todo pilla de sorpresa -aunque nada sea lo que parece- y Guil de mezcla de femme fatale y superviviente. Los intérpretes presentaron el filme este domingo 20 de marzo dentro de la Sección ZonaZine del Festival de Málaga, del que los tres son ya más que asiduos.

El director explicó que casi toda la parte de preproducción consistió en ensayos continuados, con una planificación en ese sentido «más parecida a la puesta en escena de un montaje teatral que de una películas». Lamentó que a veces «parece que está mal visto ensayar mucho, también por razones de presupuesto», pero «muy positivo, las películas ganan mucho». Guil valoró positivamente haber tenido esa etapa previa al rodaje, ya que «nos permitió trabajar creando emociones, miradas o silencios» previos a la grabación.

Isósceles y la claustrofobia

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Lo cierto es que Isósceles, que busca el plano cerrado y aguanta media película sobre el rostro de sus intérpretes, huye de la estructura teatral a través de una cámara que se atreve con todo con tal de remarcar la incomodidad de sus personajes, que, como remarca Salva Reina, «tienen esa magia de que hasta el que de ellos tres parece que lo tiene todo planeado muestra un momento de debilidad». El director añadió que fue clave el trabajo de Alfredo López, encargado de la Fotografía y que también ejerció de operador mientras él se encontraba delante de la cámara.

En este sentido, Nacho también comentó que se planteó Isósceles como «un proyecto ejecutable», con pocos intérpretes y una sola localización. Y se explicó: «me han comentado varias veces que si estoy obsesionado con el cine claustrofóbico. Me gustan ese tipo de historias, pero en realidad lo que pasa es que las caras no me las produce nadie. Tengo también escritos proyectos con persecuciones y helicópteros«, bromeó.

La dificultad extra de ser el director de la película mientras interpreta a un personaje que está presente en el 90% de las escenas se agravó cuando sufrió un accidente que le provocó una grave lesión en una pierna, de la cual tuvo incluso que ser operado. Algo que se solucionó con el añadido de un doble de cuerpo que se movía por el set en su lugar y se intercalaba con primeros planos o cortes en los que aparecía sentado, dado que su movilidad se redujo casi a cero… en una película donde su personaje baila, pasea e incluso se revuelca por el suelo en algún momento.

Isósceles y el sentido del humor

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El brillante Enrique, psiquiatra de profesión que se reencuentra con Víctor, un viejo amigo de la universidad, siempre con la frase perfecta en el momento justo, o preparado para rematar diálogos ajenos con una amarga ironía, es un personaje «que no sabía que iba a interpretar yo», pero cuando tuvo el texto «sí que pensé en ellos», por Reina y Guil, para los papeles que han acabado encarnando. Los tres se moverán en un piso entre el lujo de tener un Miró apoyado en el suelo y usar viejos tomos de la Enciclopedia Espada apilados como banqueta de piano, donde lo vintage pasa directamente a excéntrico.

En la proyección de este filme con algo de comedia neoyorquina sofisticada inspirada en el mismísimo Woody Allen el director acabó confesando que asistió a las reacciones del público «esperando el chiste sorpresa, ese que incluyes sin mucha convicción y luego resulta que hace más gracia de la que tú esperabas». Aunque no reveló de cual se trataba, si advirtió que visto el resultado «el próximo guión lo voy a hacer solo con cosas en las que no confíe».

Fotos: Festival de Málaga/Eloy Muñoz

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