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«Si lo voy a dirigir, me lo tengo que creer primero»

El director Iñaki Sánchez Arrieta estrena ‘Zerø’, su debut en largo como director tras 20 años en la industria

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Después de dos décadas en equipos de dirección y con ocho cortometrajes a sus espaldas, Iñaki Sánchez Arrieta (Valencia, 1977) debuta dirigiendo un largo. Lo hace con Zerø, una película que mezcla el drama y el fantástico sobre una mujer (Nuria Herrero) y un hombre (Juan Blanco) que despiertan en medio de un lugar desértico sin saber por qué están ahí ni quiénes son.

Con guión de Ferran Brooks, el plan inicial no era que esta película, que se estrena este viernes 23 de abril en cines, la dirigiera Iñaki Sánchez Arrieta. Pero, tras la salida de su primer director, finalmente aceptó el reto. El director valenciano atiende a Cine con Ñ para hablar de cómo se convenció de hacer Zerø, de su experiencia como asistente de dirección en la industria y de su próximo proyecto, El lodo, un thriller que protagonizan Raúl Arévalo y Paz Vega.

Normalmente las primeras películas salen de proyectos propios, pero Zerø es un encargo. ¿Cómo fue dar ese paso?

Yo estaba trabajando en la película como ayudante de dirección. Por circunstancias, se anunció que el director anterior iba a salir del proyecto y los productores me ofrecieron hacer la película. Para mi fue un poco shock porque yo no vengo del género o del fantástico en concreto, que es de donde bebía más Zerø en un principio. Yo soy más de drama, que es la línea en la que más he trabajado.

«Si lo voy a dirigir, me lo tengo que creer primero», planteé a los productores. Entonces me puse a trabajar en una adaptación y en añadirle una línea de drama de pareja que explicara ciertas cosas. De pronto, se completó y empezó a tener sentido para mí esa historia vinculada al fantástico. A partir de ahí, al hacer algo que me era más cercano, sí que me convencí de llevar a cabo el proyecto y empecé a creer que ya me tocaba dar el paso. 

¿Cómo llegó a pensar que iba en la dirección que quería?

No dejándome ninguna cuestión en el aire ni ninguna pregunta sin respuesta. Me hice muchas en muy poco tiempo, y así estuve hasta que conseguí responderme a todo lo que consideraba importante y que había que encajar. 

También habrá sido toda una experiencia a nivel personal, después de muchos años trabajando en la industria, pasar por primera vez a liderar un gran proyecto que no era suyo.

He trabajado mucho en cine, por suerte, y he hecho muchas películas como ayudante de dirección. Casi 20 años de carrera cuando llegó el proyecto de Zerø. En ese tiempo he visto y he hecho muchas cosas, entonces no tenía esa incertidumbre de no saber la mecánica de un rodaje de largometraje, por ejemplo. Esa experiencia de ayudantía me ayudó a llevarlo mejor.

Pero estuve más tranquilo también a partir de que encontré el camino con la película. Yo planteé al principio que no quería hacerla como estaba, que no me interesaba. O encontraba algo en el poco tiempo que tenía para hacerlo o no lo iba a hacer. Ahí sí que hubo algunas semanas de nervios. Para mi ese fue el peor momento, el de no saber si iba a seguir adelante.

Luego, la mayoría de los técnicos y profesionales eran amigos y compañeros que me habían visto trabajar mano a mano como ayudante de dirección. No había la sensación de inexperiencia de rodaje que quizá puede haber con directores noveles que hacen su primera película.

A Zambrano le preguntábamos y decía: “Y yo que sé, decididlo vosotros que sabéis más que yo, que hago una película cada siete años»

Un círculo mayor de confianza que en otras ópera primas.

Sí. He estado en primeras películas y, sin maldad de nadie, a veces las cosas resultaban complicadas. Una vez, hablando con Benito Zambrano (trabajaron juntos en La voz dormida), le preguntábamos cosas y decía un poco de broma: “Y yo que sé, decididlo vosotros que sabéis más que yo, que hago una película cada siete años”.

E imagínate, que es Benito Zambrano, que lo tiene clarísimo. Pero lo que dice sirve para explicar que puedes dirigir una vez y hasta que diriges de nuevo pues igual ya estás desentrenado. Y para los que lo hacen la primera vez, ni te cuento. Muchas veces se encuentran con gente que va a hacer tu película, que viene de rodar otra hace nada y en cuanto acabe la tuya rodará otra. Desde el respeto, pero la tuya se convierte en una más. Cada uno tiene que coger el toro por los cuernos como buenamente pueda.

¿Se acerca uno de forma diferente, más de equipo, al rol y función de director tras haber pasado como ayudante de dirección?

De las experiencias que he tenido como ayudante (2º), pienso que es una diferencia que va mucho en la persona. He vivido de todo, tanto de directores que se sumaban como uno más desde su posición y otras no tan agradables que igual no venían de esa tradición y no entienden, por ejemplo, que están ahí los camiones y no se puede rodar.

Pero viene por la persona, también he visto casos contrarios. También hay que entender cuál es el trabajo de cada uno: si estás dirigiendo tu trabajo no es organizar, es estar con el guión, hablar con el script, plantearte la escena o cómo hablar con los actores. 

Las cosas ocurren en círculo, tienen consecuencias para los demás

Volviendo a Zerø, ¿qué ideas están detrás de la historia dramática que introdujo en la película?

Siempre he defendido, y es algo que he experimentado personalmente muchas veces, que somos deudores de nuestro pasado. Esa era la idea que yo propuse para la película. Las cosas ocurren en círculo, tienen consecuencias para los demás: cualquiera se puede ver tocado de por vida por una circunstancia, y luego esa persona tocada tocará a los que vengan detrás.

Sin desvelar nada, lo que se puede entender viendo la película es que te puedes ver afectado por circunstancias ajenas o por el pasado de otros, y esto se puede convertir en una especie de cadena de acción-reacción entre personas que ni siquiera se conocían.

Esa parte más dramática, incluso familiar, se intercala con ese escenario fantástico: dos personajes se despiertan en un medio de un páramo desértico sin saber quiénes son ni qué hacen allí. ¿Cómo se plantearon estas secuencias?

La película está como tocada por un halo general y particular sobre todo en esa parte. La idea era transmitir una sensación de extrañeza, de una situación que no fuera del todo real. En un momento dado se valoró que fuera en otro tipo de lugares como una ciudad, pero creo que estos espacios transmiten esa idea.

Había una tentación grande de usar muchos drones, que son espectaculares, pero creo que fuimos cautos con ellos. Se desvirtúan si los utilizas demasiado.  Al final era todo por encontrar un espacio en el que el espectador se preguntara por qué están ahí y que diera una sensación distinta con todo las cosas extrañas que les pasan a los personajes. 

Ahora viene de rodar su segunda película, El lodo, un thriller con Raúl Arévalo y Paz Vega. ¿Qué sensaciones tiene con la segunda? 

 La semana pasada vimos la copia en cine, para ver que todo está bien, y estamos muy contentos con el resultado. El proceso fue más duro que en Zerø porque es una peli más compleja, con un rodaje más difícil (efectos especiales, secuencias en barcas..) y un equipo más grande. Pero luego lo he vivido de la misma manera: del equipo de El lodo no conocía igual a dos personas. Toda la gente era muy cercana, todo ha fluido muy bien.

Estaba otra vez a prueba por el tema de con quién iba a trabajar, especialmente con actores con tanta experiencia. Con todos he acabado encantado, ha habido muchas discusiones en el buen sentido para conseguir el mejor resultado posible con lo que teníamos. Si fuera fácil, se harían más películas. Pero la sensación ha sido muy buena: un pequeño parto, pero que se ha disfrutado mucho también.

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