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‘Hombre muerto no sabe vivir’ le regala a Antonio Dechent un protagonista icónico y descuida el resto

El productor Ezekiel Montes vuelve a ponerse tras las cámaras para rodar un homenaje al cine de mafiosos en el que prima el exceso sobre todo lo demás

Hombre Muerto no sabe vivir

Danny Trejo se presentó para un papel pequeño al rodaje de Desperado, que dirigía su primo Robert Rodríguez. Era un secundario casi extra, porque no tenía ni siquiera diálogos, pero como en el pueblo mexicano donde rodaban nadie sabía de qué iba la película, los vecinos pensaron que él era el protagonista y se acercaron a pedirle autógrafos hablándole en español, que él apenas chapurreaba. Y Rodríguez empezó a pensar que deberían hacer películas explotation con ese tipo malencarado como protagonista. De ahí, Machete, que no es una película buena, ni siquiera particularmente original, pero es muy divertida.

Hombre muerto no sabe vivir no se parece, para nada, a Machete, más que en lo de agarrar a un elenco de eternos secundarios -en este caso del cine andaluz con los aderezos mesetarios de Nancho Novo y Rubén Ochandiano- y ponerlos a hacer el cafre, en plan última final europea de la Quinta del Buitre. Muchas más cosas en común tiene con Muerte entre las flores o Toro, de Kike Maíllo, aunque le quedan lejos en ideas y ejecución. Hombre muerto no sabe vivir, en fin, sacrifica todo por la molonidad en general y el lucimiento del personaje principal en particular.

La Costa del Sol y sus mafias son el contexto de esta cinta del productor Ezekiel Montes, reconvertido a director de nuevo tras la versión en largometraje de su serie Akemarropa, en la que el pulso narrativo del principio y el final -no haremos spoilers aquí, que parte de la gracia del filme es jugar a adivinar quién llega vivo a la última escena- no se acaba de compensar por algún momento en el que parece que la historia no sabe como avanzar. La secuencia que presenta a los personajes y situación, eso sí, te agarra con ganas al principio, aunque luego se diluya.

Hombre muerto no sabe vivir ni parar de disparar

'Hombre muerto no sabe vivir' le regala a Antonio Dechent un protagonista icónico y descuida el resto 1

Tano (Antonio Dechent) es la mano derecha de un capo del narcotráfico local al que la crisis económica tampoco perdona y que se enfrenta a varias amenazas paralelas a la organización que con tanto trabajo han puesto en pie: el hijo y heredero de su jefe es demasiado violento y ambicioso, sus socios marroquíes tienen poca paciencia y un par de matoncillos de baja estofa tienen más aspiraciones de las que le convienen. El veterano matón, ex yonqui y con un exagerado sentido de la lealtad, necesitará de toda su habilidad y la de sus viejos compañeros para salir del atolladero.

Hombre muerto no sabe vivir es una historia de género negro y de mafiosos ejecutada por un autor que conoce bien los tropos y el cine del mismo y se recrea en ellos, pero que si tiene que elegir entre dos vías para cualquier decisión, opta siempre por el exceso. Quien no guste de escenas sangrientas puede pasarlo mal en un par de momento, y aunque la mayor parte de la acción está rodada de forma clara, hay un par de tiroteos en los que se puede perder y no tener claro de quién le dispara a quién. Aunque, en general, es fácil meterse en la historia por el carisma del reparto, muy bien elegido, y si no se le va a exigir tanto consistencia como épica.

Porque aquí medio trabajo se hizo al decidir el casting. Dechent disfruta de un papel hecho a medida y alrededor del que gira toda la película, recreándose en su sobrenatural capacidad para parecer hijo de puta y respetable al mismo tiempo. Juanma Lara se lo pasa en grande haciendo del personaje más cabrón en una película llena de cabrones, Manolo Caro ejecuta su papel de mediamierda de siempre, Nancho Novo es la mano derecha discreta que todo mafioso de película necesita y Rubén Ochandiano es el actor más fácil de odiar de España cuando se lo propone.

Por ir cerrando, una cinta de acción competente aunque con sus lagunas que disfrutará el que sea afín al género, que no es apta para cardiacos ni para sensibles y que habría sido mucho mejor de mantener el ritmo de su secuencia de presentación, aunque consigue mantener el interés por el carisma del elenco.

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