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‘Girasoles silvestres’: Jaime Rosales hace una película normal

Girasoles silvestres es la historia de Julia, una joven soltera y madre de dos hijos en busca de pareja, que pasará por diferentes noviazgos mientras se encuentra a sí misma. Es una película social y también un drama, aunque no se cebe en ninguno de los dos aspectos, y la que ha abierto este 17 de septiembre la competición de la Sección Oficial en San Sebastián -Modelo 77 va fuera de concurso-. Es la idea de lo que tiene Jaime Rosales por hacer una película normal, o sobre la normalidad -camino que empezó con Hermosa juventud (2014)- en la que, en sus propias palabras, explora como el amor también es en un aprendizaje.
Los tres compañeros que encadena la protagonista a lo largo de la película son presentados de manera explícita como los tres tipos de hombres que Rosales considera que existen en la sociedad, algo que admitió sin empachó en la rueda de prensa posterior en el Kursaal. Es decir, aunque la protagonista es una mujer y su evolución como ser humano, madre, novia o hija es evidente -de hecho, es casi la única que evoluciona- es una película que acaba hablando, mucho, sobre los hombres y su incapacidad de comunicación, desde el maltrato directo hasta la cobardía o el infantilismo.
Girasoles silvestres podría ser la enésima película de un señor apuntándose al carro del feminismo, pero se salva por un guión que tiende al naturalismo, una narración mucho menos artificiosa de lo que acostumbra Rosales y un elenco muy bien elegido y muy comprometido capaz de salvar la credibilidad de cualquier escena.
Los actores ancla de Girasoles silvestres

«Para el casting empecé, como estoy haciendo en mis últimos películas, con la elección de lo que yo llamo un actor ancla, que es un actor con el que ya he trabajado y que me permite comprobar, con las nuevas incorporaciones, que tal funcionan en las técnicas con las que me gusta trabajar». En este caso, Oriol Pla, que interpreta el personaje de Óscar, el primer novio, y que había trabajado con Rosales en Petra (2018), su anterior largometraje.
Pla admitió que en un ensayo llegó a romper una mesa y el director admitió que es «la primera vez que en un ensayo he llegado a tener miedo de alguien». Se trataba de una discusión con el personaje de Lluis Marquès. «Oriol se había puesto muy muy cachas, estaba en ese proceso de los actores que estaba muy enfadado, y yo sentía que te podía pegar -dijo, mirando a Marquès- y que si me ponía en medio me podía pegar a mí». El momento arrancó la sonrisa del resto del elenco, que incluye a Manolo Solo, Carolina Yuste, el mencionado Lluis Marqués y Quim Àvila, además de la protagonista.
Porque es cierto que Pla está muy bien en su interpretación de macarra -un poco histriónico en algún momento, pero forma parte del personaje-, pero los focos se centran en Anna Castillo. Protagonista absoluta, completa un arco muy complicado para su personaje y participa en todas las escenas de más intensidad. Sus compañeros están bien, pero se van rotando. Ella está siempre presente, con la capa de lectura extra de que gran parte del rodaje ha sido en el mismo barrio de Barcelona en que se crió, permitiéndole conectar de forma más directa con algunas situaciones.
Los hombres de Girasoles silvestres

Así, la trama de Girasoles silvestres no pretende reinventar la rueda, tiende a situaciones verosímiles. Incluso aprovecha para una representación del maltrato en la que se identifica claramente por parte de la víctima desde el principio y se presenta como una situación dura, pero superable. La guionista Bárbara Díez, que cofirma el guión con el director, explicó que «esa fue la idea desde el principio» pero que también juega «la elipsis, hay una parte de la recuperación que no vemos, esos huecos dejan un espacio que debemos rellenar». Rosales añadió que quisieron «evitar el victimismo».
Hay que insistir en la habilidad de Rosales para manejar un material que, un poco más intelectualizado y se habría quedado en un estudio de personajes con tufillo condescendiente -y un poco le queda-. O, un poco más cebado en el drama, y estaríamos hablando de un subproducto de tarde de sábado en televisión con moraleja bienpensante. Girasoles silvestres no se nada de eso, aunque sí se le noten las ganas locas de tener mensaje social, pero es superada por la propia naturalidad que buscan esas interpretaciones tan trabajadas.
En cuanto al catálogo de masculinidades, el director tuvo un momento para comparar a Óscar (Oriol Pla) con Àlex (Lluis Marquès): «Un hombre… más feminizado, más moderno, que ha integrado la importancia de contribuir a ocuparse de los hijos y las tareas del hogar y que crea un espacio de su tiempo para ayudarla a ella. Ese tipo de hombre me parece que es un hombre más moderno. Es curioso, porque a las mujeres les resulta enormemente atractivo ese tipo de hombre arcaico, mientras que los hombres más… éticamente normales (sic) siempre hemos ligado menos… pero en ese tránsito, a la larga, es ese tipo de hombre el que está facultado para montar una familia y es el que se lleva a la chica. Una cosa tan hollywoodiense como eso».

Jose A. Cano