Entrevistas | Festival de Málaga 2025
«Lo que más me interesa del cine es poder estar muy cerca de los personajes»

Eva Libertad, en el photocall del Festival de Málaga 2025. ©Marco Barada
Uno de los nombres del cine español de esta primera mitad del año es, por méritos propios, el de Eva Libertad (Molina del Segura, 1978). La directora murciana ha estrenado su primera película, Sorda, en el Festival de Berlín, donde se llevó el máximo galardón de la sección en la que competía y otro más, y ahora va a por todas en la Sección Oficial del Festival de Málaga. Un camino a la Biznaga de Oro que podría calcar el eje Berlinale-Málaga que ya cumplieron otras óperas primas como Las niñas (2020), Cinco lobitos (2022) y 20.000 especies de abejas (2023).
La directora atiende a Cine con Ñ para diseccionar lo que es Sorda, un acercamiento a la vida de una mujer sorda —interpretada por la hermana de Libertad, la actriz Miriam Garlo— y su relación con su pareja (Álvaro Cervantes), un hombre oyente, cuando ambos van a a ser padres. En la entrevista, Eva Libertad explica el proceso de creación de este filme de vocación naturalista y orgánica, su universo visual y sonoro, en un camino que empezó con un corto (Sorda, 2021), que consiguió una nominación a los Goya.
Hay una motivación personal evidente con el proyecto, al estar cruzada con la vida y las experiencias de una persona cercana. En este caso un familiar, una hermana, como Miriam Garlo, la protagonista. ¿Cómo aparece el cine?
La historia del corto sí estaba inspirada en un momento real de mi hermana (Miriam Garlo), que fue cuando empezó a plantearse ser madre. En ese momento fue cuando me compartió los temores, los miedos que le sobrevenían cuando pensaba en ser madre sorda en un mundo oyente. De ahí nació la idea hacer un corto, obviamente a partir de nuestras experiencias previas como directora y actriz. Cuando terminamos el corto, primero nos quedamos con ganas de seguir trabajando juntas. Yo ya había dirigido a Miriam en teatro, pero fue ponerle la cámara cuando dije ‘bueno, aquí hay una actriz enorme. No solo de teatro, también de cine’.
A nivel personal, me quedé también con muchas ganas también de seguir preguntándome y construyendo este mundo de Ángela, esta mujer sorda. Ahí fue cuando dijimos, ‘bueno, pues vamos a por el largo’. Se lo dije tanto a Miriam como a Nuria Muñoz [codirectora del cortometraje], que es productora ejecutiva de la película. Y lo que hice ahí fue despegarme de Miriam, porque en realidad el largo no tiene nada que ver con la experiencia vital de Miriam.
Empecé a hacer entrevistas a madres sordas para que me contase sus experiencias durante el embarazo, el parto, la crianza, cómo había cambiado la relación con su pareja, si la pareja era oyente o no, cómo había afectado esa maternidad a la relación con sus padres. Ahí tuve una fase de documentación para poder empezar a construir el guión de la película.
En un determinado momento, paré esa fase de documentación porque no quería hacer la historia de una madre sorda, de todo lo que le pasa a una madre sorda. Porque eso es imposible. Cada madre sorda, cada mujer sorda puede compartir ciertos miedos, igual que todas las mujeres podemos estar atravesadas por la maternidad y podemos compartir ciertas presiones, expectativas, miedos, pero luego cada mujer lo vive de una manera diferente y toma unas decisiones diferentes. Pues con las madres sordas es igual, no hay una experiencia única en absoluto.
Entonces, después de esas entrevistas, yo lo que hice fue entrar en una fase de escritura de lo que surgía de mi imaginación en base a lo que yo he filtrado del mundo, de mis relaciones de pareja, de cosas que he visto, que oigo… fue un proceso muy natural. Surgió del corto y se fue transformando en esto que ahora es el largo y donde sí que ya hemos podido profundizar en ese vínculo entre el mundo oyente y el mundo sordo, que era el deseo originario. Por eso quisimos centrarnos en esa pareja, compuesta por los personajes de Ángela (Garlo) y por Héctor (Cervantes).
¿De qué manera se planteó que el cine conectara las dos experiencias? ¿Cómo utilizar lo audiovisual para meterse dentro de esta pareja?
Yo quería que el tema impregnase todo lo formal. Es decir, que hubiese un diálogo entre el tema de la sordera y la foto, la iluminación de la película. Por ejemplo, de lo primero que hice fu un dossier con pinturas e ilustraciones de artistas sordos y sordas. Me interesaba ver cómo era la representación del mundo de estas personas. Cómo trabajaban el color, cómo trabajaban la luz, cómo trabajaban las formas, cómo trabajaban los símbolos, lo que es simbólico en sus pinturas. Ahí descubrí la importancia de las manos y los ojos como algo positivo y de la boca y los oídos como algo negativo. La pureza de los colores. Al representar el mundo, todos los colores son muy puros, muy brillantes.
Todo eso me ayudó a organizar el estilo, la forma de la película. Cuando me empecé a reunir con Gina Ferrer, que es la directora de fotografía, le pasé este dossier y empezamos a decidir. Las personas sordas captan toda la experiencia vital por los ojos en vez de por los oídos. Ángela todo lo capta con la mirada. Entonces, decidimos que la cámara tenía que estar muy a la altura de los ojos, no perder profundidad de campo y no usar filtros en el color.
Luego estaba todo el tema de la lengua de signos, que fue determinante. Yo tenía claro que la película quería que fuera accesible para personas sordas, para todos los públicos. Entonces, siempre teníamos que tener dentro del cuadro las manos. Y eso, claro, cuando yo recuerdo la primera reunión en la que le dije eso a Gina, para ella fue un shock, fue como, ‘¿qué dices?’. Teníamos que ver cómo grabamos estas conversaciones en lengua de signos. A mí me encantan los planos de escucha donde fuera del campo se escucha la voz, tienes el plano de la persona escuchando y puedes ver solo sus reacciones. Pero en esta película no podíamos hacer eso. Hubo un montón de decisiones que tenían que ver con el tema del que estábamos hablando.
Y luego ya, pues, a nivel narrativo, estaba el reto de cómo la película empieza en un lugar para Ángela y Héctor. Empieza en esa burbuja de bienestar donde la comunicación funciona, donde parece que se ha construido ese mundo en el que saben comunicarse y todo funciona. Al principio los tenemos siempre en planos conjuntos. No empezamos a separarlos hasta que ya empieza a estallar la crisis. Por esto que te digo, esta razón de que Ángela capta todo por la mirada, la tenemos más integrada. Y, poco a poco, conforme se va encontrando con esas barreras comunicativas, pues la vamos aislando y la vamos separando del resto de personajes.
Y a nivel sonoro, una de las claves del filme, se tomaron también decisiones muy claras que se perciben claramente en la película. ¿Cómo se tomaron esta decisiones para crear el universo sonoro de la película?
El sonido fue para mí lo más difícil, encontrar una fórmula que acompañase bien a la película. Por varias razones. A nivel narrativo era importantísimo el sonido, pero era muy tentador, era un caramelito, jugar con el sonido de tal manera, que llevara al espectador en un viaje sonoro, que pudiera entrar en la experiencia de Ángela o poder darle más dramatismo a ciertos momentos a través del sonido. A veces incluso en algunas de las residencias de guión donde estuve como que se me alentaba eso.
Pero no quise porque ahí está esta cosa de dirigir la emoción con la que yo no me siento cómoda. Como espectadora, cuando veo claramente que hay una decisión de la directora o del director de marcarme ‘ahora, emociónate aquí’. A mí eso no me funciona. Es complejo porque siempre está ese deseo de llegar a la emoción del público, pero queríamos que se hiciera ese viaje con libertad, no dirigiéndolo.
Luego, a a nivel sonoro era importante la idea de acompañar a los personajes en su camino. Por ejemplo, Ángela al principio no tiene que usar tanto la voz. Luego, poco a poco empieza a tener que salir de esa zona de confort y de ese espacio seguro. Tiene que enfrentarse a las barreras comunicativas y, después de que llegue la criatura, abrirse al mundo. Ahí su vida se vuelve más ruidosa y más sonora, tiene que usar más la voz. En el caso de Héctor es igual, tiene una evolución en su uso de la voz, que empieza muy bajito y va subiendo.
«No hay nada ni místico, ni celestial, ni hay superpoderes, ni hay nada en el hecho de ser sorda/o»
Volviendo un poco a la expresividad de la película, a todo lo que aporta la interpretación de Miriam y todo lo que significa tenerla en plano interpretando, hace años Albert Serra escribió un artículo en contra de la puesta en escena y en favor de la presencia del actor en el cuadro. Cito: «El actor no puede estar «vivo» en tanto que personaje y preservar al mismo tiempo el estilo del filme. El estilo es él. Él hace la simbiosis con el decorado, con el ritmo, con el color. Pero no ofrece significados. ¿Qué significa un gesto? ¿Una mirada? Nada». ¿Hay una simbiosis en la película entre la interpretación, la condición de Miriam y la propia forma de la película?
Sí que la hay. Es muy interesante también esto. Por una parte, siempre pensé en Sorda, antes de que existiese, como una película de personajes. Todo iba a estar puesto al servicio de la actriz, del actor, y lo que se iba a contar eran esas experiencias, pequeñas vivencias cotidianas y ese vínculo de pareja entre las dos personas. Todas las decisiones de estilo y de puesta en escena están tomadas a favor de eso.
Luego está el hecho de que Miriam es sorda, pero Miriam no tiene el mismo nivel de sordera que Ángela. Ella ha tenido que construir un personaje. Miriam no es Ángela en absoluto. Miriam no habla, por ejemplo, tuvimos que construir y encontrar la voz de Ángela, su dicción, su nivel de lectura labial. O sea, Miriam ha construido un personaje, pero es cierto que ese personaje es un personaje sordo. La pieza fundamental es esa, es la actriz y su interpretación. En eso estoy de acuerdo con Serra.
De hecho, al inicio, cuando empecé a intentar relacionar el tema con la puesta en escena, me vi varias películas que sensorialmente tenían propuestas muy poderosas o muy rotundas. Ahí me di cuenta de que no quería hacer eso. No quería hacer una puesta en escena que fuese sensorial, quería guardar la organicidad de esa persona, de ese personaje que simplemente se mueve por el espacio, signa, mira, camina, se sienta… nada más. Como cualquiera.
Hay algo que también tiene que ver con el tema y es que a veces la sordera o otras discapacidades, al llevarlas a la pantalla, se les da como una dimensión mágica, como una dimensión de criatura. Yo llevo a mi hermana viendo toda la vida. Ser sorda es su condición. Ella lleva toda la vida intentando vivirlo desde un lugar luminoso y el problema es que luego hay unas barreras comunicativas con las que se tiene que enfrentar. Pero no hay nada ni místico, ni celestial, ni hay superpoderes, ni hay nada en el hecho de ser sorda/o… quería que lo sensorial sí que estuviese presente en la película, pero sin que estuviese relacionado directamente con decisiones de estilo.
¿La referencia ha sido entonces un cine más naturalista, más basado en la cotidianidad, en buscar la expresión orgánica, de los gestos, de las interpretaciones, de los movimientos de cámara?
Sí, ese tipo de acercamiento ha sido claramente mi referencia. Y no te digo que el otro cine no me guste. Cualquier propuesta me puede interesar. Pero en este caso yo lo que quería era estar muy cerca. Al final, a mí lo que más me interesa del cine es poder estar muy cerca de los personajes. Me pasa en el cine como en la literatura, cuando también escribo. Me gusta la gente. Esto igual suena un poco raro, pero yo voy por la calle y digo, ‘es que si pudiese ser invisible y ponerme al lado de esa persona que acabo de ver y seguirla todo el día…’. Ya está, ahí ya hay una historia que contar. Es ponerle la cámara, estar cerca de ella y dejar que a ese personaje le pasen cosas que, estando a esa distancia, ya entendemos. Ahora mismo, lo que más me gusta del cine es eso.
Sobre la construcción del personaje con Miriam Garlo. Hay una relación personal, una relación familiar y luego de repente aparece el estar en un proyecto grande como una película, con todas las condiciones que supone un rodaje, con toda su complejidad. ¿Cómo fue vuestra dinámica interna?
Lo mejor de todo es que tuvimos mucho tiempo. Esto también lo dice Álvaro Cervantes, que entró un año antes en el proyecto para poder aprender lengua de signos. Siempre dice que lo más importante para un actor, el regalo más grande que se le puede hacer, es darle tiempo para preparar un personaje. En el caso de Miriam, imagínate, yo empecé a escribir el guión y creo que ya la primera versión ya se la pasé. Ella ya fue viendo cómo era Ángela, nos juntábamos para que ella diera ese feedback y yo le decía ‘esta reacción de Ángela, ¿cómo la ves?’. Y de lo que me iba diciendo pues algunas cosas las iba incorporando.
Luego tuvimos otra fase en la que ya fuimos entre las dos viendo escena por escena qué le pasaba a Ángela y hablando, simplemente. Conectándolo con imágenes. También trabajaba así con Álvaro, dándole imágenes para que él pudiese ir construyendo esta psique del personaje.Y después ya pasamos a una fase más práctica que fue la de buscar buscar la expresividad, que fue lo más complicado…
«Mi trabajo en el cine y mi vida está todo mezclado, no puedo separar una cosa de la otra»
¿Por qué fue tan complejo?
La lengua de signos es muy expresiva, es hacer mil cosas con la cara. Al poner la cámara había que rebajar porque si no estaba todo demasiado… [coloca su mano indicando una posición superior] todo el rato. Tuve esa tensión de no querer castrar la lengua de signos y sus características y, por otra parte, o la rebajábamos un poco y buscábamos algo un poco más suave o esto va a ser un impacto…Es verdad que va también por culturas y lugares. Hay en algunos países donde hay menos expresión facial, pero aquí en España la lengua de signos es muy expresiva a nivel facial.
Entonces estuvo esa parte más de construir el código en el que se iba a mover el registro que necesitábamos para Ángela y luego ya empezamos la fase de ensayos conjunta con Álvaro. Me di cuenta de que necesitaban pasar mucho tiempo juntos, conocerse, que Álvaro se empapase de la vivencia, de lo que Miriam quiso compartirle, y entonces hicimos varios encuentros a lo largo de un año, de fin de semana los tres, para ir construyendo este vínculo.
Si se cuenta el corto y luego ahora el largo, el proyecto de Sorda ha durado varios años. ¿Qué dirías que has aprendido de todo el proceso?
Qué pregunta más difícil. Tengo una sensación más de haberme «ensanchado» en experiencias que de haber aprendido algo. Ahora, que ya estoy pensando en el siguiente proyecto, parto de la misma sensación de no saber cómo se hace esto. Pero sí que hay como un ensanchamiento de la experiencia general de haber conocido a tanta gente que ha estado o trabajado en el proyecto. De haberlo hecho por primera vez con personas sordas, que ha sido algo completamente nuevo para mí porque en el corto solo estaba Miriam. En eso siento que una expansión de la experiencia vital. Al final, el cine como trabajo para mí también es vital. En mi caso, mi trabajo en el cine y mi vida está todo mezclado, no puedo separar una cosa de la otra.
La película se ha rodado en la Región de Murcia, que es tu tierra de origen. ¿Qué vinculación tiene tu cine con el territorio? ¿Es importante para ti rodar allí?
Depende del proyecto. Mi relación con Murcia ha sido muy compleja, porque durante mi juventud me generó mucho conflicto. Después he ido, de alguna manera, integrando esta marca, todo lo que te deja tu lugar de origen en tu vida, y ahora se ha convertido en algo, sorprendentemente, muy inspirador. Las historias que estoy contando me apetece y necesito pensarlas desde aquí.
En mi caso, ese vínculo con el territorio lo veo intuitivo por algo más amplio, que tiene que ver con con la experiencia humana, con una experiencia general que es también singular. Y la experiencia humana está arraigada siempre a un espacio. Pero a veces ese territorio puede ser un disparador para salir, para apuntar hacia otros sitios en esa experiencia humana. Es algo complejo. Por ejemplo, el siguiente proyecto en el que estoy trabajando va a estar atravesado por el territorio, pero todavía no sé de qué manera.

Arturo Tena



