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Críticas | D'A 2026

‘Érem una gran família’: un documental donde aflora aquello que las imágenes no cuentan

La montadora Cristina Rosselló parte de unas películas domésticas rodadas durante el franquismo para construir una película tan ágil como interesante
Crítica de 'Érem una gran família', de Cristina Rosselló

Aparentemente, el documental Érem una gran família nace de un cierto azar. Una montadora, Cristina Rosselló, examina un grupo de filmaciones amateur depositadas en los archivos de la Filmoteca de Catalunya. Las escenas le llaman la atención, así que se pone en contacto con los descendientes de su autora, Miquelina Fiter, para conocer más sobre ellas. A lo largo del proceso de investigación, emergen diversos hilos de los que tirar: la figura de una joven con inquietudes proveniente de una familia acomodada que quiere rodar sus propias imágenes en la España de los años 40, su matrimonio, la relación que ambos cónyuges mantuvieron con sus hijos…   

La indagación sobre el trasfondo de esas estampas felices acaba generando un relato del que extraer diferentes temas posibles (lectura de género incluida sobre maridos plenipotenciarios que se embarcan en aventuras profesionales y personales sin atender a su entorno). Los hilos narrativos van desplegándose a través de las voces de los hijos de Fiter, que explican buenos recuerdos, pero también problemas, infelicidades y desencuentros entre ellos y con su padre.

Con esta película, que acaba de estrenarse en la sección Talents del D’A Film Festival, la realizadora apenas necesita más imágenes que las extraídas de estas películas caseras para construir un documental tan ágil como interesante que, además, estimula curiosidad de la audiencia sin devenir impúdico.

Érem una gran familia y un oasis dentro del franquismo

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Una de las primeras cosas que se cuenta en el documental es que, para su decimoctavo cumpleaños, Fiter tenía que escoger entre recibir como regalo un coche o una casa, pero pidió un equipo de filmación. Ahí comenzaron las grabaciones de excursiones al campo, de visitas a la playa y otras estampas de ocio y bienestar familiar. En ocasiones, los empeños iban mucho más allá de lo doméstico. La buena posición de su familia facilitó que Fiter pudiese rodar una visita de Francisco Franco y su familia a la localidad catalana de Vic desde una inusual cercanía con los protagonistas.

De alguna manera, se pueden ver estas películas domésticas como una metáfora de ese franquismo que escenificaba que todo estaba en su sitio, ordenado, tranquilo. Y como emanación de algo más general, de una cultura burguesa donde casi cualquier conflicto resulta inconfesable. El autorretrato, evidentemente, está autolimitado. Fiter capturaba viajes y fiestas, aunque fuese abriéndose también a retratar expansiones profesionales que tendrían consecuencias en la convivencia familiar. Por todo ello, la obra de Fiter no explica una historia colectiva sino que testimonia la realidad poco compartida de un grupo social limitado. Los mismos descendientes de la cineasta amateur comentan que gozaban de unas condiciones materiales inusualmente cómodas.

Por unos motivos u otros, incluido el buen carácter de una Fiter de quien se destaca su ternura, las películas de las que parte Érem una gran família se separan del apelmazamiento de la España nacional-católica de posguerra. No transmiten la rigidez con la que ese sistema totalitario tendía a autoretratarse. De hecho, hay una cierta fricción entre las imágenes y las voces y músicas de aquel momento que Rosselló emplea como banda sonora de una época. Como si ambas cosas no casasen del todo. Quizá es la huella de una personalidad más tierna… y también de una mentalidad política republicana. 

Un documental con capacidad para enganchar al público

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La realizadora Cristina Rosselló parece haber tomado buena nota de su experiencia como montadora en proyectos televisivos. Ha resuelto una propuesta en la órbita del cine de autor propio del circuito de festival que está dotada, a la vez, de un atractivo posibilista. El resultado puede enganchar a la audiencia tanto como lo haría una (muy) buena película de ficción sin emplear, por ello, las posproducciones anfetamínicas del documentalismo más comercial ni la mirada explotadora y zafia de la telerrealidad. 

Rosselló muestra tacto al abordar los temas más polémicos, como una herencia que acaba de dinamitar las relaciones entre hermanos, sin extenderse excesivamente en todo ello. Quizá las voces que defienden versiones enfrentadas se llegan a dedicar palabras demasiado hirientes, así que la cineasta las disuelve en un ruido indescifrable.

Es otro gesto de contención que eleva esta exploración sobre las realidades ambivalentes, agridulces, que pueden esconderse bajo unas imágenes de celebración personal o de éxito profesional. Un ejercicio que parece plenamente actual en estos tiempos de bienestares escenificados para las redes sociales.

Ignasi Franch

Ignasi Franch

Periodista cultural y crítico cinematográfico desde 2003, cuando todavía se veían algunos disquetes por las redacciones. Colabora en medios como El Diario, El Salto, Crític, Caimán - Cuadernos de Cine, Directa y Rockdelux, entre otros.

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