Cine español de los 2000
20 años de ‘El método’, la adaptación de un gran éxito teatral que disgustó al autor de la obra

Najwa Nimri y Eduard Fernández en 'El método'
Tenía todo el sentido del mundo. La obra teatral El método Grönholm, escrita por Jordi Galceran, se había convertido en un éxito de público sostenido en la cartelera barcelonesa desde el año 2003 e iba a saltar a las tablas de Madrid y de muchas otras ciudades del mundo. Su autor convertía una atípica y claustrofóbica entrevista de trabajo con cuatro candidatos en un calculado ejercicio de humor y tensión. Todo ello podía recordar a los thrillers teatrales y cinematográficos, más dramáticos o más (oscuramente) comédicos, del dramaturgo y realizador David Mamet (Casa de juegos). Así que… ¿porqué no llevar El método Grönholm a la gran pantalla?
El realizador argentino Marcelo Piñeyro (Caballos salvajes, Plata quemada) hizo suyo el proyecto. Lo personalizó tanto que se tomó bastantes libertades respecto al libreto de Galceran para disgusto de este último. Piñeyro quería conservar el thriller, enfatizar el dramatismo, minimizar el humor e incluir más personajes y espacios, quizá en la búsqueda de un producto más obviamente dinámico que tomase distancias obvias con el teatro filmado. Por el camino, reclutó como coguionista a Mateo Gil, uno de los escritores de moda del audiovisual español de la época: había escrito los primeros trabajos de Alejandro Amenábar y había debutado como director mediante Nadie conoce a nadie (1999).
Así que El método nació con un director consolidado, un guionista estrella y un grupo de actores que incluía nombres tan asentados como los de Carmelo Gómez, Najwa Nimri o Eduardo Noriega (y un joven Ernesto Alterio, y Eduard Fernández, y Natalia Verbeke...). Quizá las declaraciones públicas de Galceran distanciándose del resultado enrarecieron la recepción del filme. El dramaturgo no se sintió representado por unos cambios tonales que quizá tampoco implicaban un cambio de naturaleza.
Aún así, la película recibió el aval de dos Premios Goya, incluido uno para el discutido guion adaptado. Puede que la propuesta original fuese más esbelta y redonda, sin elementos disonantes, pulida, pero ambas obras parecen thrillers comerciales bien diseñados y cuidadamente ejecutados. El filme se estrenó en festivales en septiembre de 2005. Actualmente, está disponible a través de la plataforma FlixOlé y recientemente se ha comercializado una edición videográfica en soporte Blu-ray.
Nadie conoce a nadie cuando estás bajo El método
Piñeyro y compañía ofrecieron una pesadilla en la oficina con los componentes humorísticos mitigados, aunque la audiencia más endurecida pueda ver algo oscuramente cómico en el proceso de embrutecimiento que sufren los personajes, en sus intercambios de palabras envenenadas. Desde el principio queda claro que el proceso de selección tiene algo de juego perverso. A través de una pantalla, se enuncia a los candidatos que podrán marcharse si alguna de las pruebas les parece intolerable. Así que su periplo tiene algo de prueba sobre los límites de obediencia y las salvaguardas éticas.
Los personajes devienen hámsteres en un laberinto, sometidos a designios que les resultan difícilmente escrutables. No solo se estimula la competencia, sino también la desconfianza mutua. Y la crueldad. Se empuja a los mismos candidatos a que excluyan a otros compañeros, sin que los supuestos voyeurs de recursos humanos que les observan tengan que ensuciarse las manos expulsando a alguien. Entre todo ello emerge algún brote de comedia enrarecida que resulta curiosa, un poco disruptiva (para bien o para mal, ¿quién sabe?) dada la reorientación hacia el dramatismo ensayada por Piñeyro y Gil.
Los responsables de la producción condimentaron el conjunto con una especie de triángulo sexual. Nimri interpreta a Nieves, un personaje enigmático y que envia señales confusas. Noriega encarna a Carlos, un seductor norieguiano al estilo de Tesis (supuestamente divertido, supuestamente sensible, quizá con un lado oscuro oculto) que vivió una aventura previa con Nieves. Y Fernández ejerce de autocalificado macho ibérico que parece dispuesto a todo por conseguir el trabajo. Los acontecimientos pondrán a prueba hasta qué punto los personajes permiten que sus diálogos interpersonales se conviertan en un simulacro interesado. Quizá ni los mismos personajes saben si hablan sinceramente cuando dicen algo.
Desencanto antes del crack financiero
Tanto el texto dramatúrgico como su versión libre cinematográfica nacieron dentro de la ya aludida tradición del teatro y el cine mametiano, basado a menudo en los engaños cruzados y los juegos mentales entre personajes. Un referente evidente es Glengarry Glen Ross (1992), donde se escenificaba un ejercicio de competitividad extrema entre un grupo de comerciales: el que cerrase más ventas se llevaría un coche, el segundo se llevaría un cuchillo y los demás perderían el trabajo. La obra de Mamet se estrenó en la era de Ronald Reagan y de Margaret Thatcher.
El malestar que trasluce en El método tendría algo de anticipación
En cambio, El método Gronholm llegaba en otro momento, en pleno Matrix neoliberal en que los rostros sonrientes de Tony Blair, Bill Clinton y compañía hablaban de prosperidad para todos mientras desregulaban la economía, profundizaban en su financiarización y recortaban o externalizaban servicios y patrimonios públicos. El espectador podía limitar a reírse de los personajes de la obra, desde la emoción que proporcionaba el hábil andamiaje teatral de Galceran, y hacer una lectura puramente misántropa: los humanos, o esos humanos, son unos lobos para los humanos.
Piñeyro, quizá sensibilizado por los planes de ajuste estructural que habían golpeado América Latina, y por el mismo crack monetario argentino de 2001, intentó explicitar una cierta crítica sistémica. Guiñó el ojo a las protestas antiglobalización de Seattle y otros lugares para intentar despertar sacudir al espectador de un cierto letargo apolítico. Los personajes no son inocentes, ni mucho menos, pero está claro que el contexto en el que se mueven, el método al que se someten y, en definitiva, el mundo en el que viven, les invita (o empuja) a ser despiadados.
El malestar que trasluce en el filme tendría algo de anticipación. Y quizá la película haya quedado demasiado olvidada aunque, como creación derivada, sea obviamente deudora de los hallazgos del original teatral, y aunque algunos de sus añadidos puedan discutirse. Apenas tres años después, el crack financiero de 2008 y la posterior crisis derivada de su gestión sacudirían la economía mundial, e impactarían fuertemente en España y en otras economías del sur de Europa.
En ese mismo año 2008, se estrenaría otro juego narrativo sobre embrutecimientos en el ámbito empresarial como Bienvenidos a Farewell-Gutmann, del guionista y director Xavi Puebla —que posteriormente firmaría A puerta fría (2012)— Y, durante unos (¿pocos?) años, el cine español estaría muy atento a las sacudidas económicas. Y abordaría (o explotaría), desde muchas miradas y a través de muchos géneros, ese malestar que enmarcaba la película de Piñeyro desde sus imágenes iniciales.


Ignasi Franch

