Críticas
Cyborg Generation: El chico que escuchaba el sonido de las estrellas

Fotogramas de 'Cyborg Generation'. Montaje: ©Cine con Ñ
En Ojos abatidos, el teórico Martin Jay escarba en el desarrollo de la cultura ocularocéntrica occidental para localizar el momento de crisis de la experiencia visual humana con el establecimiento de una serie de mecanismos que permiten tomar imágenes y hacerlas más o menos permanentes; órganos exógenos o, si se prefiere, prótesis, que expanden el sentido de la vista y permiten ver más lejos o más profundamente. Si lo pensamos bien, en realidad todos somos un poco cyborgs, aunque nos sorprendan procesos como el que narra Miguel Morillo Vega en Cyborg Generation, que sigue al músico Kai Landre en su transformación transhumana.
Presentada en la sección Alquimias de la Seminci 2024 tras pasar por Visions du Réel, Cyborg Generation es la crónica de los últimos cuatro años de Kai Landre, desde que toma la decisión de transformarse en un cyborg hasta que da forma a un sentido exógeno muy peculiar, poético e instrumental, que le tiene que ayudar en el ámbito de la creación musical, disciplina a la que se dedica. En concreto, ese nuevo sentido implantado transforma los rayos cósmicos que viajan por el espacio y que recalan en la Tierra en notas musicales.
Érase una vez un cyborg

Entre el aliento poético y el registro documental, Morillo nos presenta una decisión de ese calibre desde la vulnerabilidad de su protagonista, desde su condición extraordinaria y por momentos hasta marciana. Que la primera vez que aparezca en la película sea en el interior de un flotarium, estos estanques de flotación empleados de manera terapéutica, nos da muchas pistas del personaje. Hay algo de resurrección en esa imagen, pero también algo maternal y protector.
Una y otra característica van a marcar los modos en que Morillo declina el recorrido de Kai Landre: por una parte, la transformación de su cuerpo para la implantación tecnológica de ese exosentido; por la otra, el viaje íntimo por el que el protagonista examinará el dolor y los traumas del pasado.
Retrofuturismo y saber perdonarse

Puede que la duración de la película, de poco más de una hora, sea algo escasa para abordar toda la complejidad que encierra alguien como Kai Landre —o Neil Harbisson, reconocido como el primer cyborg legal del mundo, o la pionera biohacker Moon Ribas— pero la película no aspira a ser un tratado de filosofía cibernética, sino el perfil de un individuo en su misión de expandir los límites de sí mismo. Tecnológica y emocionalmente.
Poca duda, por otra parte, del esfuerzo cinematográfico de una película que trabaja estos dos regímenes estéticos, la poesía y el documental, con un control y una exigencia sorprendentes. Si los pasajes que ahondan en los anhelos de Kai Landre y sus sueños de escuchar el cosmos se moldean desde un retofuturismo estético muy reconocible—mediante el uso de 16mm, el empleo de zooms y un cuidadísimo diseño de producción—, el proceso documental también sigue unas pautas específicas con el fin de ser justos con el viaje del protagonista.
A pesar de algunas carencias y desequilibrios narrativos, lo cierto es que Cyborg Generation es una obra estimulante que dibuja un futuro prometedor y arriesgado, tanto para Kai Landre como para Morillo. Pocas veces se tiene la oportunidad de conocer a alguien que es capaz de traducir el sonido de las estrellas en música y esta peliculita es una celebración de lo excepcional.


Paula Arantzazu Ruiz