Series españolas
PornoXplotación: La violencia del espectador

PornoXplotación traslada a una miniserie documental de tres episodios el contenido del libro de investigación del mismo título escrito por Mabel Lozano y el inspector de Policía Pablo J. Conellie sobre la trata en el mundo del porno, los peligros de la adicción y la visión sesgada de la sexualidad que este transmite. La propia directora ganadora del Goya da forma a la miniserie, reproduciendo algunos de los testimonios más duros bien mediante actrices que interpretan las palabras de las víctimas bien mediante animaciones e incluyendo testimonios de adictos a la pornografía, actores arrepentidos y psicólogos expertos en la materia.
En la época del reino del true crime, más barato (hasta cierto punto) que la ficción y con los mismos ganchos morbosos que esta, parecía natural que Mabel Lozano, convertida en una directora especializada en la denuncia de la trata, diese el salto a las docuseries. Otra cosa es que para ese paso fuese en términos aceptables para la misma tuviese que requerir la participación de algún ente, en este caso RTVE Play, que sirviese de filtro y evitase, en fin, males mayores.
PornoXplotación tiene cosas en común con el referente obvio, Hot Girls Wanted (2015), de Jill Bauer y Ronna Gradus, estrenado en Netflix, aunque sus puntos de partida son diferentes, e irónicamente es el actual el que ha acabado tratando los trastornos relacionados con el consumo de pornografía (objetivo original del estadounidense) con mayor profundidad. También es interesante que se estrene el mismo año que Nacho, el biopic de Nacho Vidal, que trata ciertas dinámicas de la industria pero, pese a todo, las acaba edulcorando frente a las que se ven aquí.
Carne para la picadora

La serie enlaza sus capítulos mediante los testimonios reales de dos jóvenes que fueron explotadas sexualmente para producir porno, una migrante de Europa del Este y la otra una española proveniente de la pobreza y una familia desestructurada. Son casos reales recogidos en el libro de Lozano y que además resultan estadísticamente representativos. Las víctimas no aparecen, sino que sus palabras son interpretadas por dos actrices que explican que sus personajes son mujeres reales que no pueden dar la cara por ponerse en peligro y se dirigen directamente al espectador.
Es un recurso arriesgado, que busca la llamada de atención directa y se acerca en algún parlamento al formato del anuncio institucional —algunos fragmentos perfectamente podrían incluirse en un vídeo de prevención de delitos de la Policía Nacional—, que intenta equilibrar el testimonio crudo de las muy duras experiencias de estas mujeres, casi niñas, con la divulgación de cómo funcionan las redes de captación y trata.
Su problema es que por momentos resulta demasiado envarado, lo artificioso de la propuesta está más presente que la información en sí, y roza el humor negro involuntario, que es casi lo peor que le puede pasar a un documental como PornoXplotación. No le quita gravedad a lo que se está denunciando, pero no siempre encaja bien que la actriz, recordándonos que es eso, una actriz, nos describa de forma más o menos respetuosa pero clarísima la tortura a la que eran sometidas y a continuación aparezcan chavales opinando al azar por la calle como en una encuesta televisiva.
Sexualidad sesgada

Todo esto en paralelo a otro documental, que no parece el mismo, en el que se habla de las consecuencias psicológicas y sociales del temprano acceso al porno por parte de los adolescentes, de manera que se convierte en su primer conocimiento del mundo de la sexualidad y la sesga de forma decisiva. Se trata de un problema bastante grave —que se lleva denunciando desde que el porno se volvió accesible más allá de una sala X con la llegada del VHS, de ahí que muchos adictos que aquí aparecen son ya talluditos— respecto al cual PornoXplotación solo le falta explorar más soluciones que ir al psicólogo y tratarlo desde la familia nuclear normativa.
La tesis del documental viene a ser que las violencias en origen —otros de los testimonios principales es de un actor de porno gay arrepentido— son responsables directamente de la violencia en la recepción. A mayor explotación de las actrices, o, mejor dicho, mujeres violadas ante una cámara, mayor sesgo violento en la percepción de la sexualidad por parte de los consumidores. Es una conclusión terrorífica por lo que implica para el futuro. Otra cosa es que no todo el porno sea como lo que se ve aquí, pero no es problema de este documental tener que explicarlo.
En fin, que PornoXplotación funciona como conjunto, aunque a veces se la juegue en algunas representaciones, y sobre todo transmite bien el pánico del nivel de violencia sufrido por determinadas personas en la industria del porno. Le falta, quizás, atreverse con una propuesta de soluciones que subyace durante todo la narración, más allá de la obvia de la persecución policial, pero es de manera evidente un producto de servicio público. Entre otras cosas, porque para eso, a pesar de todo, se emite en RTVE.

Jose A. Cano