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‘Ama’ y las maternidades imposibles

Júlia de Paz firma una primera película incómoda sobre la precariedad vital y la maternidad

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Ama es el debut en el largometraje de Júlia de Paz Solvas y una de las favoritas, por el momento, a la Biznaga de Oro en este Festival de Málaga del Año del Señor de 2021. Drama social o documento que busca el naturalismo sobre las maternidades posibles o imposibles, con un muy sutil análisis de clase y pocas concesiones en un espacio corto.

La película cuenta la historia de Pepa, madre y relaciones públicas a tiempo parcial de un pub en Alicante a la que su mejor amiga, con la que comparten piso ella y su hija pequeña de seis años, pone en la calle. Sin medios para sobrevivir ni un techo sobre su cabeza, debe enfrentarse a los deberes de su propia maternidad y a la influencia que en ella ha tenido su pasado y su relación con su madre, a la que se niega a pedir ayuda.

La opera prima de Júlia de Paz ha sido calificada de naturalista y de hiperrealista. Recuerda al neorrealismo clásico en su aparente ausencia de juicio o de discurso político y en girar alrededor de la desgracia inevitable que acompaña a los personajes -no hace spoilers desde el título estilo Ladrón de bicicletas, pero todos nos imaginamos lo que va a pasar con Pepa y Leila conforme la cinta avanza-.

Ama, precariedad vital frente a felicidad ficticia

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Ama añade, claro, el giro contemporáneo necesario, y propio de la nueva generación de cineastas y directoras que puebla el panorama nacional, de centrarse en una relación entre madre e hija en un contexto de precariedad completamente actual. De la ducha de la playa al bar de la esquina, del paseo marítimo repleto de turistas a la soledad de la arena en la noche.

De hecho, el marco del Alicante hiperturistificado, con los hostales baratos que sobreviven a base de racaneo, los negocios que tienen miedo de no repartir flyers en los barrios adecuados y la alegría impostada del visitantes ofrece un marco especialmente sórdido a la desesperación creciente de la protagonista, atrapada en la evidencia de que tanta felicidad de cartón deja caer muchas víctimas entre sus grietas.

En Ama, en fin, es casi más importante lo que no se dice, valga el tópico, que lo que aparece en pantalla en la hora y media de metraje. La cinta se basa en la elipsis del conflicto original de Pepa y en la conducta que la lleva a la ruptura con su entorno en Alicante. Los dos días escasos que pasa junto a Leila en busca de un refugio desvelan suficientes traumas y vicios emocionales por sí mismos sin recrearse en qué ha llevado al personaje a ser tal y como es.

Ama, fácil de ver, incómoda de procesar

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Tamara Casellas supera con sobresaliente la prueba constante del primer plano constante y una película que de últimas es una secuencia de las idas y venidas de su personaje. Las escasas escenas que comparte con Estefanía de los Santos, enorme en su breve papel, alcanzan un nivel de interpretación ya estratosféricos gracias a la naturalidad que busca la realización.

Quizás, por ponerle una pega, habría que decir que el guion roza cierta condescendencia hacia sus protagonistas y que el tono neutro pretendidamente neutro acabó por provocar, al menos en algún pase ya con público en Málaga, que el respetable le diese la risa ante la exageración de las reacciones de la madre de Pepa.

Ama es, resumiendo, una película que se ve con facilidad pero que no es fácil de ver, con momentos incómodos y de gran tensión siempre alrededor del difícil cuidado de Leila en las circunstancias en las que se ve obligada a vivir su madre. No es complaciente, no busca el final redondo y feliz y no quiere una conclusión cómoda. Es posible que diste de ser la película perfecta sobre los temas que trata, pero sin duda es una buena película.

© Fotos de Ama – Álex Zea – Festival de Málaga.
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