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«Con el coronavirus das dos pasos para delante y se convierte en uno para atrás»

Director de producción de algunas de las películas vascas más destacadas de los últimos años, Ander Sistiaga explica cómo el coronavirus está afectando a los rodajes y los presupuestos en el cine español

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El buen momento del cine en el País Vasco dura ya más de 10 años. Demasiado tiempo para que sea cosa de un grupo de cineastas. Uno de los imprescindibles de esta etapa dorada -y más en la sombra- es Ander Sistiaga (Donostia, 1972), director de producción de varias de las películas en euskera que han ido marcando el camino durante esta década. Entre ellas: Aupa Etxebeste (2005), En 80 días (2010), Amama (2014) o Handia (2017), por la que Sistiaga consiguió un Goya.



Tras el buen resultado de trabajar con un pie fuera de casa (La trinchera infinita), este autodenominado «técnico del cine» está trabajando en un proyecto de una plataforma que debería rodarse en mayo. Pero primero el donostiarra transmitirá toda esta experiencia de más de 20 años en una master-class organizada por CIMUART en la Universidad de Alcalá, donde explicará cómo se hace una película y las dificultades de llevarla a cabo en medio de una pandemia.

«Ahora mismo das dos pasos para delante y al día siguiente se convierte en uno para atrás», dice Ander Sistiaga sobre la producción en tiempos del COVID. El director de producción atiende a Cine con Ñ para hablar de cómo está afectando el coronavirus a la producción audiovisual, un nuevo espacio improvisado donde asegura que «todos somos novatos».

La producción está siendo una de las profesiones más sensibles a la crisis del coronavirus. ¿Cómo se vive este proceso de cambio desde dentro?

Lo hablo con distintos compañeros y se vive de maneras muy diferentes. Yo ahora mismo trabajo en un proyecto para una plataforma. No es lo mismo el proceso de dificultad extra del COVID si trabajas en una película o una serie con una gran compañía detrás que si lo haces en una película de medio o bajo presupuesto. Es verdad que la responsabilidad está ahí: invertir bien el dinero y garantizar la seguridad de las personas. Pero con una plataforma es la propia empresa la que responde, hay alguien encima tuyo con la responsabilidad final.

En una película de presupuesto medio o más pequeña tienes lo que que hayas construido con televisiones o ayudas. No hay excusa, no hay goma que se pueda estirar. Si el productor ha destinado los recursos para que se vean en pantalla, el patinazo de un día de rodaje perdido igual lo salvas, pero a partir de ahí se convierte en una posible ruina personal. Un patinazo así puede ser definitivo.

¿Incluir el gasto para esas medidas repercute directamente en la calidad del producto final entonces?

Indudablemente, al menos en el cine. Hay que tener en cuenta que muchas de las películas que están arrancando ahora iniciaron su arquitectura financiera en tiempos preCOVID. Cuando has construido eso, y de repente tienes un 4% de gasto extra no esperado y obligatorio por medidas de seguridad, ninguno de los elementos que componen la economía del proyecto te va a decir «nosotros ponemos un poco más para esto». No, se lo estás quitando a la pantalla.

¿Esta tensión y miedo tienen un coste también en salud mental?

Absolutamente. Yo siempre digo que soy un técnico, no soy un empresario como el productor al uso. Pero sí que sufro, te vas a a la cama ye te das cuenta que te echas muchas cosas a la espalda. Intento manejarlo psicológicamente en mi vida.

«Todos somos sustituibles menos los que ponen la cara delante de la cámara»


Durante el primer confinamiento, el despacho de abogados Mabel Klimt elaboró un informe en el que se aseguraba que las producciones se encarecerían un 10% para cubrir las medidas antiCOVID. ¿Son esos los números reales?

Vi esos números yo también. Sin ponerse en el alarmismo de las cifras, se puede tener un grado de positivismo al respecto. Por ejemplo, es verdad que los test de antígenos y de las PCRs no están al mismo precio que estaban en abril o mayo de 2020, son elementos que por suerte han ido reduciéndose en su coste.

En cualquier caso, es una pasta. Es un tema muy delicado: al ser un dinero no estimado en tus presupuestos originales, te ves tentado a renegociarlo. Te tienes que recordar a ti mismo que las cuestiones de salud valen lo que valen. Recortar esos gastos aumenta el riesgo de que pase algo.



En aquellos primeros tiempos se hicieron también distintas guías y protocolos de rodaje para cumplir con las normas sanitarias. ¿Todo el mundo cumple unas mismas reglas? ¿Se ha llegado a acuerdos de base?

No diría tanto acuerdos, porque es una palabra que cada uno entiende de una forma en este país, pero sí que es positivo que se estén pensando y estableciendo bases sobre las que vamos trabajando los demás. Es verdad que, en algunos casos, esas bases son aplicables al 90% y en otros no. No es lo mismo que estés en un plató controlado o que tengas un proyecto con un gran cásting, donde el riesgo es mucho más alto.

Al final, todos somos sustituibles menos los que ponen la cara delante de la cámara. Es ahí es donde ha habido más líos porque ahí ya no hay tutía. Lo principal es que establecer unas bases de seguridad de sentido común, como que el que todo el que empiece lo haga sano. A partir de ahí, se pueden establecer una regularidad de controles que puede ir cambiando según las necesidades de la producción.

En 2020 no se percibió tanto porque las producciones venían preparándose en años anteriores, ¿es ahora cuando se está empezando a notar la crisis?

Sin duda. Es verdad que la casualidad ha querido que el cine, que ha vivido todas las crisis económicas más las suyas propias, ha podido mitigar un poco el efecto de esta gracias al boom de las plataformas. Las series han podido mejorar su calidad técnica y se ha ido sumando también gente de cine. Eso ha significado poder absorber el trabajo de mucha gente, y es cierto que a nivel técnico no lo estamos sufriendo tanto. Lo grave es a nivel de producción general o exhibición: no hay cartelera y solo basta con ver las nominaciones a los Goya. Se verá reflejado especialmente en las películas del año que viene, en 2022.

¿Qué valoración hace de las medidas públicas para paliar los efectos de la pandemia en el sector?

Creo que se ha hecho el trabajo tarde. No lo digo como una gran crítica, pero sí que se está reaccionando de forma muy lenta. Se pueden excusar que es algo nuevo, pero las excusas valen para lo que valen. Falta sobre todo una estrategia, una planificación. Hay que recordar que los primeros que pusieron una línea de ayuda encima de la mesa para frenar los efectos no fueron ni el Ministerio de Cultura, ni los sindicatos, ni la Academia: fue una plataforma. Igual fue una estrategia de marketing, pero ahí quedó.

¿No es alarmante que tenga que ser una empresa privada la primera en ofrecer una respuesta?

Así lo entendí yo también, pero parece que no todo el mundo se dio por aludido en ese sentido (risas).

 

Arturo Tena (@artena_)

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