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Amigo: Entre el reproche y el remordimiento

Duelo actoral en un curioso cruce de géneros.

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Amigo supone la ópera prima de Óscar Martín. Presentada hace un año en el Festival de Sitges, ahora se estrena en las salas de cines este thriller psicológico que nos habla de un modo particular sobre las inestables fronteras de la amistad. Un filme con un premeditado toque retro repleto de referencias cinematográficas y televisivas que en ningún momento se esconden. Construida a partir de un guion en el que han participado el director y los actores protagonistas, Amigo coquetea con diferentes géneros, que van del terror a la comedia negra, acercándose peligrosamente al pastiche.

La película nos traslada a los años 80 para contarnos la historia Javi (Javier Botet) y David (David Pareja), dos amigos marcados por un suceso dramático, que ha puesto a prueba su inestable relación. Con el deseo de recuperar la confianza perdida, David decide llevar a Javi, una persona dependiente con graves secuelas físicas, a una casa en el campo para poder cuidar de él. El problema es que en ese enclaustramiento irán acrecentándose las rencillas y los recelos entre ellos, llegándose poco a poco a una situación del todo insoportable.

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La película se divide, al estilo clásico, en tres partes claramente diferenciadas y separadas por breves fundidos en negro. En cada una de ellas iremos subiendo un grado más la tensión que se observa entre los dos personajes principales, una evolución en la trama en la que se perciben ciertos altibajos; muestra, quizá, del irregular estado mental de sus protagonistas, desde cuyos puntos de vista se nos muestra todo. A medida que nos vamos acercando al final, la cinta consigue su propósito: contagiar al espectador de ese estado de angustia que la historia nos provoca.

En este sentido, es magistral la actuación de Javier Botet, un actor que sabe explotar como nadie su peculiar fisionomía, en un papel con ciertas similitudes al que interpretó recientemente en Ventajas de viajar en tren (Aritz Moreno, 2019), en donde daba vida también a una persona con discapacidad física, que, postrado en la cama, solo había tenido contacto con la realidad a través de la televisión.

Precisamente, en esa televisión casi siempre encendida en la habitación de Javi podemos comprobar las influencias fílmicas que están detrás de la película. En ellas encontramos grandes nombres del spanish horror como Chicho Ibáñez Serrador y Paul Naschy. Además de referencias explícitas como Historias para no dormir, en la película también encontramos ciertos ramalazos del cine de Jaume Balagueró o el humor ácido de Álex de la Iglesia, un director que ha sabido mezclar como nadie en nuestro cine el terror y la comedia. A parte de estas explícitas referencias al cine patrio, en Amigo también encontramos ciertas concomitancias con algunas de las míticas adaptaciones al cine de Stephen King, como Misery (Bob Reiner, 1990) y, ante todo, El resplandor (Stanley Kubrick, 1980).

Las semejanzas con esta última son más que evidentes. En los dos casos la historia se desarrolla en un edificio solitario y aislado por un temporal de nieve. Ese aislamiento irá provocando una paranoia autodestructiva que pondrá en peligro a todos los que se cobijan bajo el mismo techo. Las similitudes entre el personaje de David y el de Jack Torrance son claras. Como en la cinta de Kubrick, en Amigo muchas veces se sugiere más que se enseña, se intuye más que se muestra. Y en ambos casos el pasado está muy presente. En David se palpa la culpa y la necesidad de una redención que no llega, una búsqueda que le sumirá en última instancia en la más perturbadora locura. En cambio Javi, al igual que la familia de Jack Torrence, no tardará en descubrir que esa casa no es más que una trampa mortal, una jaula de la que tiene que escapar.

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Aunque, como hemos dicho, el ritmo narrativo va en aumento a lo largo del filme, este no deja de ser sosegado y premeditadamente lento. Un elemento que pretende incidir en la exasperación que puede provocar la vida para una persona dependiente como Javi y la desesperación que suele sentir su cuidador, en este caso David. A medida que el conflicto entre ellos va in crescendo, la película va adquiriendo tintes de terror psicológico con la inclusión en el guion de ciertos elementos oníricos y alucinatorios que remarcan el estado psicopatológico de David. Ficción y realidad, locura y cordura, sueño y vigilia. Todos estos elementos terminan entrelazándose en medio de una deriva de acontecimientos que mantienen al espectador en constante alerta.

De este modo, Amigo se sustenta en ese duelo actoral que juegan David Pareja y Javier Botet. La discapacidad física y la discapacidad mental; el reproche y el remordimiento; la dependencia y el cuidado. Ambos personajes se  complementan y se necesitan mutuamente. El primero para poder valerse y el segundo para sanar su culpa. Y entre medio una amistad resquebrajada por la tragedia. Y es que, tal como nos sugiere la cita de Cervantes que utilizan en el cartel promocional, «quien bien te quiere te hará llorar».

 

Adolfo Monje Justo (@adolfo_monje)

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