Críticas
El fantasma de mi mujer: El espíritu siempre llama dos veces

Stills de 'El fantasma de mi mujer'. ©Quim Vives. Montaje: ©Cine con Ñ
El fantasma de mi mujer plantea la historia de un extraña homicidio: la amante de Fernando, Julia, ha atropellado a su mujer. Ambos deciden ocultar el crimen hasta que Julia pueda ganar el dinero de un conocido concurso televisivo. Pero todo se empieza a complicar cuando Fernando va a denunciar la desaparición de su mujer y la policía empieza a descubrir que algo no encaja.
La veterana María Ripoll dirige esta comedia de enredo, con Javier Rey, María Hervás y Loreto Mauleón como tres patas de una película que incorpora slapstick, policíaco y ramalazos de humor absurdo. Una película ligera que busca la complicidad del público saliéndose un poco del molde impuesto por plataformas y televisiones privadas en España.
El fantasma de mi mujer consigue ser eso, que no es poco: una película divertida que se sujeta sobre el equívoco. Pese a que requiera un esfuerzo importante en suspensión de incredulidad y no es lo suficientemente negra como para resultar transgresiva, el planteamiento se sostiene gracias a un buen casting, a buen puñado de chistes y a una dirección adaptada a las circunstancias. Todo el mundo está en sus marcas, el ritmo fluye y el final se sale de las imposiciones habituales de la rom-com. Es más que suficiente.
La vena negra

Al principio, cuando juega a descolocar irónicamente las piezas de la trama, la película tiene un tono más de humor negro que le sienta estupendamente. Acompañado por la música juguetona de Zacarías M. de la Riva, Ripoll juega a parodiar el planteamiento de los amantes criminales, con el aroma a clásicos del noir americano como Perdición (1944) o El cartero siempre llama dos veces (1946), añadiéndole la capa de la investigación policial que puede descubrir el asesinato.
Lo retuercen bien hacia la comedia mainstream dos actores que han entendido lo que tienen que hacer: María Hervás dándole un tono surrealista y maquiavélico a lafemme fatale y Javier Rey abrazando el humor físico para maltratar al pelele paranoico que tiene que interpretar —como ya se vio en¿Qué te juegas? (2019), la comedia directa no le va nada mal a Rey—. La trama policial, guiada por Marco Cáceres —el verdadero descubrimiento de la película—, les da el contrapunto perfecto.
El fantasma de mi mujer y la toma de tierra

Funciona tan bien esa línea del policía, la comisaría y la investigación sin sentido que da lástima que la película termine por tirar hacia el equívoco sobrenatural o la sátira corporativa y no hacia el policíaco, que habría dado más de sí. Aunque tiene sentido para coronar el enredo y cerrar el chiste sobre el personaje de Cáceres, era mucho más divertido no desactivar la investigación tan rápido y aprovechar más que había ya un muerto real en la ecuación.
El personaje de Loreto Mauleón, el menos extremado —y por eso también seguramente el más difícil—, acaba siendo el alma lógica, moral y sentimental de la historia y con quien se sitúa la directora. Aunque es necesario que la película baje a tierra, es también una descripción del personaje y sus circunstancias que le quitan mucho espacio a la tensión narrativa y al posible juego con la investigación.
Por ir cerrando el rosco, El fantasma de mi mujer es una comedia con cuerpo, en la que casi todo está donde tiene que estar. Su directora entiende las claves del género y dispone sus armas con inteligencia. Es una lástima que no termine de despendolarse por la parodia noir, cuando tenía todos los elementos, pero aún así aguanta sus puntos de fuerza.

Arturo Tena