Críticas
Emergency exit: Una fantasía erótica del cine

Stills de 'Emergency exit'. Montaje: ©Cine con Ñ
Como productor, Lluís Miñarro ha trabajado con directores como Apichatpong Weerasethakul, Manoel de Oliveira, Albert Serra, Naomi Kawase —ahora también una de sus actrices— o Ainhoa Rodríguez. Como director ha desarrollado paralelamente un estilo propio, capaz de canalizar tendencias estéticas de estos cineastas. Se eleva, así, como una de las figuras más disruptivas y originales del panorama cinematográfico español, y lo confirma con su última película, Emergency exit.
Situada en una temporalidad indeterminada, el elenco coral de personajes sin nombre, conformado por un cura (Oriol Pla), una doctora (Emma Suarez), una actriz (Marisa Paredes) o un director de cine (Albert Pla), entre otros, se encuentra viajando por Tenerife sin tener un claro destino.
Como ya sucedía en otras películas del director, como Stella cadente (2014), poco importa el fin narrativo. Entre referencias literarias, artísticas y cinematográficas, que ponen en el centro la experiencia con la memoria, la fe y el deseo, Miñarro está más preocupado por que estas sean transmitidas de una forma sensorial, alejándose de la lógica, de la literalidad y dejándose llevar por el surrealismo, la teatralidad y la afectación.
La ficción estética de Emergency exit

Al apostar por colores vibrantes, una fotografía extremadamente plástica, con elementos de collage, una composición a base de primeros planos y detalles que fragmentan rostros y cuerpos, y una banda sonora en la que los sonidos del típico afilador se entremezclan con melodías clásicas, Emergency exit se sostiene en la exageración y el artificio, para recalcar su construcción onírica y surrealista, a veces incluso pareciéndose a un videojuego.
Ese autobús en el que los personajes están atrapados, noche y día, es casi como un Limbo, que cita directamente El ángel exterminador (1962), aunque abraza la parte más ilógica y surreal de la misma sin adentrarse en el drama psicológico de sus personajes. Estos se deben enfrentar al pasado, pero que al darse la mano con el presente le otorga a la película un halo kitsch, especialmente en el personaje de Marisa Paredes, una diva de la cual lo primero que se ve son unos tacones y un vestido de lentejuelas, y que de alguna manera conecta con el cine más almodovariano que ha protagonizado.
Miñarro explota, de hecho, el componente cinematográfico como estética de lo falso, desvelando la parafernalia del cine y la ficción que está abordando, por ejemplo, a través de la escena en la que Naomi Kawase deja unas cenizas en la falda del Teide, pero realmente atraviesa un plató en el que el fondo es una tela con la montaña pintada. También sucederá con los planos en los que la cámara abandona el bus para capturar las ventanas de este de frente, y construir una composición a modo de tira cómica en los que los personajes interactúan o bailan de manera horizontal. Y aún pese a esto, en ocasiones se proyecta cierto minimalismo compositivo del cine de Apichatpong, principalmente en los planos en los que los intérpretes interactúan con el exterior, con lo salvaje.
Un cuento sobre la burguesía

Por el halo onírico, fantástico y mágico que adopta la película es inevitable no pensar en ella como una fábula, un cuento cuyo tema es el deseo. Toma cuerpo en el personaje interpretado por Jhonattan Burjack, como una tentación erótica, trasladado a la pantalla como si se tratase del Sebastián (1976) de Derek Jarman. Habita el bus como un fantasma, siempre presente, pero sin decir palabra. Mientras el resto de personajes hablan, entendiéndose en distintos idiomas, esta venus de las pieles o Eros hecho carne humana, materializa lo que los demás no dicen, sus deseos más profundos.
Es Marisa Paredes la que recuerda el papel político del deseo, el orgasmo como momento de plena libertad, y, por tanto, también el poder de Emergency exit como una película política. Un «orgasmo» de colores, de luces y texturas —combinando digital y analógico—, a veces incomprensible, pero que también reta la moral burguesa del pasado y del presente desde su sensibilidad, multiplicidad y estética performativa.
De esta manera, Miñarro firma con Emergency Exit una película que sobre todo se reconoce a sí misma como cine. Explota y exagera su componente cinematográfico y ficcional, resultando en una obra por momentos absurda e intensa, pero siempre profundamente autoconsciente e hipnótica.

Ana Jiménez Pita