REPORTAJES | FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2026
‘Muguruza FM 40 Tour’ es un homenaje al valor y a la valentía de la música

'Muguruza FM 40 Tour', de Ander Merino y Fermín Muguruza. ©talkarecords
Entre 2024 y 2025, Fermín Muguruza organizó una gira mundial para celebrar sus 40 años de carrera. Tras sufrir la pérdida de su hermano Ignacio y atravesar una pandemia, además de enfrentarse a constantes críticas y censuras por sus canciones, quería, a través de este tour de más de un año, reivindicar la importancia de su trayectoria musical y agradecer el apoyo a sus seguidores. La gira, tal y como la encuadra el documental, dirigido por Ander Merino Etxebeste y el propio Muguruza, se percibe casi como un milagro.
Al escoger esta narrativa, Muguruza se alza no solo como un mito de la música en euskera, sino también como icono y abanderado de diversas luchas sociales. Especialmente, en el contexto temporal en el que se celebra la gira, contra la ocupación israelí de Palestina. Estructurado en capítulos, en su gran mayoría de pocos minutos, el filme repasa, primero, los acontecimientos recientes que apartaron a Muguruza de los escenarios para, después, lanzar al espectador a la experiencia frenética de un tour global inmenso.
De esta manera, Etxebeste y Muguruza firman un documental de espíritu enérgico y emotivo que, sin embargo, resulta repetitivo, difuso y, sobre todo, encorsetado. Los monólogos performativos y las conversaciones guionizadas contrarrestan esa humanidad y vivacidad que el artista lleva por bandera en sus conciertos.
Demasiado documental

Muguruza parte de la aizkolaritza —la corta de troncos con hacha— para establecer un imaginario simbólico, pues ya utilizaba el hacha como icono en álbumes anteriores. No obstante, no se comprende muy bien por qué es este elemento el que hila el rodaje de la película. Es Oihana Barrena, aizkolari, quien protagoniza la conversación con Muguruza y parece conformar el punto de partida de la película, aunque tampoco queda claro el motivo. Existe una conexión explícita entre esta práctica y la identidad vasca, pero lo que prometía convertirse en un símbolo vertebrador queda pronto olvidado en el desarrollo narrativo.
Son, en gran medida, las conversaciones y las narraciones del propio Muguruza y de los amigos que integran su equipo las que contextualizan su música, su carrera y los motivos de la gira. Sin embargo, sus tonos de voz resultan monótonos y sus discursos, excesivamente limpios y guionizados. No hay espacio para la palabra fuera del guion ni de lo ensayado. La vida —esa energía arrasadora que Muguruza y su entorno despliegan en el escenario— no consigue trasladarse a los momentos de quietud.
Por último, el grueso de la película lo constituyen los conciertos alrededor del mundo de Muguruza, su banda y sus invitados. Aunque esta porción es la más diversa, intensa y emocionante, la sucesión ininterrumpida de actuaciones adolece de una acumulación constante de imágenes y escenarios prácticamente idénticos, lo que convierte cada supuesta experiencia única en una masa indistinguible de canciones y público.
Muguruza FM 40 Tour es más una experiencia

Pese a sus problemas de ritmo, la película queda atravesada por un espíritu particular que se cuela a través de sus imágenes. Es una pulsión luchadora, efusiva y desbordante de vitalidad e intensidad. Por momentos, nos recuerda que este documental tal vez no debía verse como el mero resumen de una gira, sino como el testimonio de toda una vida en la que la lucha y los valores han estado siempre en primer plano.
Es en ese terreno donde Muguruza resulta hipnótico: cuando se le ve actuar y moverse junto a su equipo. Por ello, cuando el montaje frenético se detiene y permite observar lo que mejor sabe hacer: entregarse al público con arrojo. Es precisamente al tornar la película más simple y minimalista cuando se permite que sea la música la que cargue con el peso de sus valientes mensajes políticos y sociales.



Ana Jiménez Pita